Este es el episodio 14 llamado Intermedio ostrogodo y en este episodio aprenderás:

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El mundo posromano tras la batalla de Vouillé

Bien, voy a empezar dando un paso para atrás para ver en qué contexto nos encontramos en el Mediterráneo tras la dramática batalla de Vouillé con la que terminé el anterior episodio ¡Adiós, Imperio romano! El Reino de los francos era una potencia en ascenso que controlaba la mayor parte de la actual Francia, Clodoveo I gobernaba un territorio que se extendía desde Tolosa en el sur de la Galia hasta el valle del Rin de Alemania Occidental. Los borgoñones se encontraban en una posición difícil porque eran un objetivo evidente para los francos, ya que el Reino de los burgundios gobernaba sobre Lyon y la Suiza occidental.

El Reino franco de Clodoveo tras Vouillé, por Robert H. Labberon
El Reino franco de Clodoveo tras Vouillé, por Robert H. Labberon

Los borgoñones liderados por el rey Gundebaldo no querían que los francos conquistaran el sur de la Galia a expensas de los visigodos, pero como eso ya había ocurrido, querían aprovecharse la situación, aunque como verás no les salió bien la jugada a los borgoñones. El Imperio romano que siguió existiendo en Oriente, conocido por la historiografía como Imperio bizantino, se centró en reformarse para fortalecer su posición y evitar ser conquistado como le había ocurrido a la parte Occidental.

Los vándalos aún eran poderosos en el centro de norte de África, pero habían dejado de ser una gran amenaza tras sufrir derrotas por parte de los moros del Sáhara y de los ostrogodos. Por otro lado, Italia y parte de los Balcanes estaban firmemente bajo el control de los ostrogodos, gobernados por el rey Teodorico el Amalo, que demostró ser un administrador muy capaz y un gran rival para el franco Clodoveo. Como verás, Teodorico el Grande pronto gobernó sobre sus primos visigodos para detener la expansión franca, en lo que se conoce en la historiografía como intermedio ostrogodo.

¿Y qué pasaba en Hispania? Pues que Hispania estaba fragmentada políticamente. En el noroeste estaba el Reino suevo, los visigodos tenían cierta hegemonía sobre buena parte de la Tarraconense y la Cartaginense y quizás algunas ciudades estratégicas aisladas como Mérida, pero el resto de Hispania estaba controlada por poderes locales. Este auge de los poderes locales será clave para entender cómo se estableció el Reino visigodo en Hispania.

Gesaleico y la intervención ostrogoda

Terminé el episodio anterior con la batalla de Vouillé, sin embargo, todavía tengo que explicar lo que pasó después de la batalla, porque la campaña no había terminado. Los nobles visigodos que sobrevivieron a la batalla de Vouillé eligieron al hijo bastardo de Alarico II como su rey, Gesaleico. Optaron por Gesaleico porque su hijo legítimo, Amalarico, tenía solo 5 años, y en un momento de tanta adversidad debían ser pragmáticos. Gesaleico tenía una misión muy importante sobre sus hombros, tenía que proteger lo que quedaba del ejército godo y sus familias para salvar al reino de la destrucción total.

Para lograrlo, Gesaleico ordenó la retirada de sus tropas a Septimania, ya que Burdeos y la antigua sede regia situada en Tolosa habían sido capturadas por los francos ya. Por suerte, la mayor parte del tesoro real visigodo había sido puesto a salvo en Carcasona, y eso es muy importante porque el tesoro real era un símbolo de identidad y prestigio para cualquier pueblo bárbaro y era un elemento clave para pagar a las tropas. Entonces los borgoñones bajo Gundobaldo derrotaron a Gesaleico y saquearon Narbona, la capital provisional de los visigodos.

Por ello Gesaleico se vio forzado a usar las plazas fuertes de Arlés y Carcasona como bastiones de la resistencia visigoda. Bajo los muros de Arlés y Carcasona se reunieron los francos y borgoñones, que ansiaban el mítico tesoro de Alarico para terminar con los visigodos como pueblo bárbaro independiente. Pero a pesar de sus repetidos ataques, las murallas de estos bastiones resistieron. Y por fin, desde el este llegó la tan necesaria fuerza de los ostrogodos. El general ostrogodo Ibba marchó sobre la región de Provenza reconquistando ciudades como Narbona y obligando a los borgoñones y francos a levantar su asedio sobre Arlés y Carcasona.

Así terminó la guerra franco-goda en el 509, con un Reino visigodo que solamente consistía en la Septimania y el puñado de guarniciones y ciudades de Hispania que eran nominalmente leales a los godos. Pensaras que con la ayuda de Teodorico el Amalo Gesaleico estaría rebosante de alegría, ¿no? Pues si así lo creías te equivocaste, porque Teodorico pasó a tutelar a su nieto legítimo Amalarico y quiso hacer valer sus derechos dinásticos. Por eso, Gesaleico y su séquito de leales se exiliaron a Barcelona, una situación bastante similar a la de Ataúlfo casi un siglo antes, y su tiempo en tierras hispanas fue igual de nefasto. Para terminar con el problema, Teodorico mandó a su victorioso general Ibba para derrotar a Gesaleico, y Ibba cumplió.

Gesaleico buscó refugio y apoyo en la corte vándala del norte de África, pero el rey de los vándalos solo lo apoyó económicamente porque no quería un conflicto militar con el poderoso rey ostrogodo. Tras esto, Gesaleico regresó a escondidas a tierras godas y intentó ser proclamado rey con el apoyo de los francos. Este intento fracasó y fue asesinado en el año 511, y por eso el cronista San Isidoro de Sevilla dijo de él que “perdió su honor primero y luego su vida”. Con este resultado, la mayoría de visigodos reconocieron que su único modo de sobrevivir el empuje de los francos era uniéndose a los ostrogodos como socios menores, y así se inició el conocido como intermedio ostrogodo.

Intermedio ostrogodo y la unión de los godos

Primero hay que explicar qué es el intermedio ostrogodo y el debate sobre si el término es correcto. El intermedio ostrogodo es el período de transición entre el Reino visigodo de Tolosa y el Reino visigodo de Toledo, y va desde la batalla de Vouillé del 507 hasta la muerte del rey Teudiselo en el 549. Se ha interpretado el intermedio ostrogodo como una época en que las circunstancias producidas por el reinado de Teodorico el Amalo marcaron el desarrollo de los acontecimientos, porque a Teodorico lo sucedió el último de los Baltos, Amalarico, y luego dos generales ostrogodos, Teudis y Teudiselo. Algunos historiadores caracterizaron el intermedio ostrogodo como una época en la que se formó una facción dirigente ostrogoda que gobernaba por encima de los visigodos, pero ese realmente no fue el caso, así que no entiendas el intermedio ostrogodo como algo así.

Aclarado esto, en el 511 murió Clodoveo y el Reino franco se dividió entre sus hijos de la dinastía merovingia, así que los godos pudieron respirar un poco más tranquilos. Ahora que gobernaba sobre todos los godos, los dominios de Teodorico el Amalo abarcaban Italia y la Panonia hasta llegar a la Tarraconense y Cartaginense, además de algunos puntos aislados en otras zonas. Hay cierto debate sobre si considerar al rey ostrogodo como regente del Reino visigodo o rey por derecho propio, pero vistas sus actuaciones parece más acertado hablar de rey de los visigodos. Nombró y quitó gente en los cargos de importancia, reguló el cobro de impuestos, y había guarniciones ostrogodas en Hispania y Septimania.

Teodorico el Grande administró tanto Italia como Hispania respetando el antiguo aparato administrativo romano, es decir, era a la vez rey para los godos y patricio para los romanos. De hecho, buscó la legitimación del Imperio romano de Oriente y en una ideología neo-imperial al restaurar algunas instituciones típicamente romanas en sus dominios, como las prefecturas o un senado con un poder renovado. Teodorico el Amalo es un buen ejemplo de gobernante bárbaro que legitimaba su poder presentándose como el perfecto augusto romano, no como un rey bárbaro, y este es un tema del que ya hablo en el episodio extra 6 Identidad goda y su evolución.

Teodorico tenía la ambición de mantener unidos a los godos, entre otras cosas para contrarrestar el poder de los francos y los romanos de Oriente. Bajo su mandato se produjeron matrimonios entre aristócratas ostrogodos y visigodos y migraciones internas, pero su sueño se vino al traste tanto por la muerte de su yerno y heredero, Eutarico, como por el ascendente de Teudis. Teodorico había nombrado a Teudis como general del ejército del Reino visigodo y tutor de su nieto Amalarico, pero no controló bien sus ambiciones y Teudis fue tejiendo una red clientelar con la que ganó una autonomía casi total frente a Teodorico. Es más, Teudis dio un buen braguetazo al casarse con una rica mujer hispanorromana, lo que evidencia que ya se estaban produciendo matrimonios entre godos e hispanorromanos a pesar de que legalmente seguían prohibidos.

El final del reinado de Teodorico el Amalo estuvo marcado por problemas internos relacionados con la sucesión y problemas exteriores por las crecientes tensiones con el Imperio romano y los reinos bárbaros. Por eso lo último que necesitaba el rey ostrogodo era iniciar una guerra contra Teudis y sus leales, y Teudis fue muy listo al seguir manteniendo su lealtad nominal hacia él y hacia Amalarico y al seguir mandando tributos. En el 526 murió Teodorico el Amalo, y con él la unión de los dos reinos godos terminó.

El reinado de Amalarico

Europa a la muerte de Teodorico el Amalo 526
Europa a la muerte de Teodorico el Amalo 526, por Undevicesimius

Con la separación definitiva de los godos, un nieto de Teodorico le sucedió como rey ostrogodo en Italia mientras que Amalarico, ya adulto, finalmente pudo gobernar a los visigodos en solitario. Los visigodos dejaron de pagar el tributo anual a los ostrogodos y los ostrogodos devolvieron el tesoro real visigodo. Este divorcio acordado también produjo cambios territoriales, porque Amalarico tuvo que ceder la Provenza a su primo, y los visigodos y ostrogodos pudieron elegir a qué rey seguir a partir de entonces. Amalarico instaló su sede regia en Narbona, y esto es importante, porque el centro de poder visigodo seguía siendo la Galia.

Amalarico trató de desprenderse de la influencia de Teudis, pero con poco éxito, ya que éste había formado ya una poderosa red clientelar y tenía una gran guardia personal gracias a la riqueza de su mujer hispanorromana. El último rey de la dinastía baltinga nombró también a un prefecto de Hispania para aglutinar el poder civil y militar en un hombre de confianza en detrimento de Teudis, y usó el tesoro real visigodo para consolidar lealtades también, pero estas acciones fueron insuficientes para menoscabar el poder de Teudis.

En el último año de reinado de Amalarico se celebró el II Concilio de Toledo y los obispos solicitaron al rey visigodo permiso para celebrar un nuevo concilio, y esto evidencia dos cosas. La primera es que la soberanía visigoda estaba ya reconocida en la Meseta y buena parte de Hispania, y la segunda es que se desmiente la imagen de Amalarico como un rey arriano anticatólico, una imagen que sigue persistiendo en buena parte de la historiografía actual. Conseguir el apoyo de los obispos hispanos también era una forma de conseguir apoyos y asegurar su supervivencia política frente al poderoso Teudis, y el obispo Montano de Toledo parece que también necesitaba a Amalarico para silenciar a sus rivales, así que era una relación de beneficio mutuo.

Sabemos más sobre su política exterior, ya que el rey visigodo trató de recuperar el prestigio de su pueblo y restaurar el dominio visigodo sobre el sur de la Galia. Amalarico necesitaba derrotar a los francos para acallar a sus rivales políticos, y por eso dirigió personalmente a sus tropas tal y como lo hizo su padre Alarico II. Desafortunadamente para Amalarico, corrió una suerte similar a la de su padre. El rey de los francos de París y Orleáns, Childeberto, derrotó al ejército visigodo en Septimania en el 531. Amalarico pudo huir a Barcelona, quizás con la intención de zarpar de allí para ir a Italia y buscar la ayuda de su primo ostrogodo.

Sin embargo fue asesinado, no se sabe si por sus propios hombres por orden de Teudis o por un franco, pero en cualquier caso, Teudis fue el principal beneficiario de ese asesinato. Digo esto porque Teudis pudo usar su amplia influencia para ser elegido rey de los visigodos, y eso supuso la extinción de la dinastía baltinga que había gobernado a los visigodos desde Alarico. La transmisión de la autoridad y la legitimidad real se debilitó entonces, porque la lealtad de la aristocracia hacia la dinastía gobernante desapareció y después de eso la sucesión de padre a hijo se hizo siempre muy difícil en el Reino visigodo. Así que no, la caída de la dinastía baltinga no fue una buena noticia para la estabilidad del reino a largo plazo.

El asentamiento de los godos en Hispania

En el anterior episodio ya hablé por encima sobre la emigración y asentamiento de los visigodos en Hispania, pero creo que es un tema lo suficientemente importante como para dedicarle un rato. Antes de la destrucción del Reino visigodo de Tolosa, los pocos godos asentados en Hispania solían ser militares con sus familias asentados en ciudades y lugares de interés estratégico, como Barcelona, Sevilla, Zaragoza o Mérida. Se debate sobre si estos godos eran grupos pequeños independientes, o si por lo contrario reconocían a los reyes de Tolosa como suyos.

De nuevo hay un gran debate abierto entre los historiadores sobre la magnitud de estas migraciones, si hubo ya un influjo importante de visigodos hacia Hispania a finales del siglo V, o si los visigodos asentados en la Galia emigraron en masa justo tras la batalla de Vouillé. Para Javier Arce, el asentamiento de visigodos en Hispania empezó a finales del siglo V, pero hasta los años 530 el pueblo godo seguía asentado principalmente en el sur de la Galia. Se apoya en un texto del historiador bizantino Procopio, que dijo que tras la derrota que sufrió Amalarico frente a los francos “los que quedaron de entre los vencidos, emigraron de Galia con sus mujeres y niños y se fueron a Hispania donde gobernaba Teudis.”

José Soto Chica coincide bastante con esta visión, y propone que hubo básicamente tres oleadas de migraciones godas hacia Hispania. La primera oleada se produjo la década anterior a la batalla de Vouillé, y estaba compuesta por militares para dominar sobre todo la Tarraconense pero también por godos que huían de la presión de los francos. Luego hubo una segunda oleada tras las derrotas de Vouillé y Narbona, y una tercera oleada que sería la mayor ocurrida tras la muerte de Amalarico.

A diferencia de la Galia donde las autoridades romanas habían dirigido y supervisado el asentamiento de los godos en régimen de hospitium en el 418, en Hispania los godos ya no se encontraron a tal autoridad central. ¿Así que cómo se repartieron las tierras? ¿Negociaron personalmente hispanorromanos y visigodos? Lo cierto es que no tenemos ni idea de este proceso y solo nos movemos en el terreno de las hipótesis. En algunos casos se pudieron ocupar espacios vacíos o abandonados, y en otro llegar a acuerdos o comprar tierras a los locales tanto en las ciudades como en el campo.

A través de la arqueología también se ha tratado de estudiar el asentamiento de los godos en Hispania, pero aquí también hay posiciones muy diversas. Se han puesto en duda lo que hace un tiempo se calificaban como necrópolis visigodas situadas principalmente en la Meseta. En estas necrópolis se han encontrado objetos asociados a los estilos visigodos, pero desde los años 90 muchos arqueólogos e historiadores rechazan asociar sin más unos objetos con una etnia, porque por imitación es posible que una cultura adopte simbología externa de otra. De hecho, ya una fuente de la época decía que “el pobre romano imita al godo, mientras que el rico godo imita al romano”.

Otra cuestión vital es cuántos visigodos se asentaron en la península ibérica. Lo único seguro es que no todos los godos de la Galia emigraron, algunos quedaron integrados bajo el dominio de los francos. Y a los visigodos hay que sumarles algunos ostrogodos que se asentaron en el Reino visigodo durante el reinado de Teodorico el Amalo, especialmente en la Septimania. De hecho, según L. A. García Moreno, es probable que la dinastía de Liuva y Leovigildo tuviera sus raíces familiares en la Septimania y fuera de origen ostrogodo.

Teniendo estos factores en consideración y la estimación previa de visigodos durante el reinado de Walia, las estimaciones de godos asentados en Hispania oscilan entre 70 y 100.000 godos. Por tanto, teniendo en cuenta que la población de Hispania debía estar entre los 5 y 6 millones de habitantes, los godos no llegaban ni al 2% de la población sobre la que llegaron a gobernar. Por eso su impacto cultural y étnico fue muy pequeño, y su importancia reside en el hecho de que se convirtieron en una élite dirigente.

Teudis, Teudiselo y la plaga de Justiniano

Volviendo a la historia política del Reino visigodo, el centro político de los visigodos se había desplazado definitivamente hacia Hispania y ahí Teudis había sido elegido rey. Teudis fue un rey con una clara visión de fortalecimiento del Reino visigodo, porque él fue el primer rey godo en ejercer su autoridad sobre la mayor parte de Hispania, incluyendo la Bética con su poderosa aristocracia hispanorromana. A nivel internacional, nos encontramos en un contexto en que el protagonista es sin duda Justiniano, el emperador romano que inició ambiciosas y costosas campañas militares para restaurar el dominio romano en Occidente, pero hablaré más sobre su figura y los bizantinos en el siguiente episodio.

En este contexto, la política exterior de Teudis podría tildarse de prudente, porque no intentó recuperar los territorios godos de la Galia ni participó activamente en la guerra Gótica y Vándala iniciada por Justiniano para reconquistar para el Imperio Italia y el norte de África. En el 534 los bizantinos conquistaron las posesiones vándalas de Septem, la actual Ceuta, y las islas Baleares, y esto como es lógico Teudis lo interpretó como una amenaza para el Reino visigodo. Con el inicio de la devastadora guerra Gótica, Teudis se mantuvo inactivo hasta que su sobrino fue elegido rey de los ostrogodos cuando la posición de los ostrogodos estaba muy débil.

El rey de los visigodos probablemente se comprometió a ayudar a su sobrino, pero no pudo hacerlo porque los francos merovingios lanzaron una campaña contra los visigodos en el 541, quizás instigados por Justiniano. El ejército franco cruzó los Pirineos pasando por Vasconia, y saquearon con éxito la Tarraconense hasta asediar Zaragoza. Teudis mandó a su general Teudiselo con un ejército para levantar el asedio, y los francos tuvieron que terminar su campaña, que cada lado interpretó como una victoria.

En cualquier caso, la cosa no estaba para muchas alegrías, porque poco después la plaga de Justiniano llegó a tierras hispanas. Este si no me equivoco fue el primer caso de peste bubónica, la misma que resurgió en el siglo XIV y que ha ido reapareciendo hasta nuestros días. No sabemos la magnitud y duración de esta epidemia en Hispania, pero se ha encontrado evidencia bacteriológica y evidencia en los cánones del Concilio de Valencia del 546.

En los textos del siglo VI y VII se habla frecuentemente de una repentinus orbitus, de una muerte repentina, y esta muerte asociada a la plaga de Justiniano era muy temida. En las fosas comunes de Valencia, con hasta 30 personas en cada fosa, se han encontrado biomoléculas de la peste negra. En esto contexto, tal y como se especificó en el Concilio de Valencia, los obispos acordaron que un obispo debía ser enterrado en una tumba individual, así que su privilegiada posición social también se veía reflejada en su entierro en un contexto de enterramientos en fosas comunes por la mortalidad causada por la pandemia de peste bubónica.

Poco antes de su muerte, Teudis intentó conquistar la bizantina Ceuta porque suponía una amenaza constante para el Reino visigodo, pero su intento fracasó estrepitosamente. A pesar de que tenemos informaciones contradictorias sobre la posesión de los godos de Ceuta en determinados momentos, lo cierto es que parece que Ceuta nunca estuvo bajo dominio godo, incluso antes de la conquista musulmana con la leyenda del conde Don Julián. La derrota de la expedición visigoda a Ceuta fue tal que pudo ser la causa del asesinato de Teudis en el 548.

Su hombre de confianza y general victorioso Teudiselo lo sucedió. Pero sobre su corto reinado solo conocemos su muerte en Sevilla. Teudiselo estaba celebrando un banquete en Sevilla cuando de pronto los conspiradores apagaron las velas y lo cosieron a puñaladas como le ocurrió a Julio César, y a éste lo asesinaron porque se había acostado con muchas de sus esposas. Eso es lo que puede pasarte si eres demasiado pícaro, pero bueno, que le quiten lo bailado. Con Teudiselo se terminó el intermedio ostrogodo, y ahora se abría una nueva etapa de crisis y guerra civil.

Urbanismo y campo en época visigoda

Como ya venía siendo tendencia desde las últimas décadas del Imperio romano de Occidente, la tendencia general de las ciudades era la contracción, descuido y abandono de espacios. Zonas antes habitadas ahora eran usadas como tierra para labrar, y se ven entierros dentro de los muros de las ciudades. Sobre antiguos teatros y circos romanos como los de Cartagena, Valencia o Zaragoza se construyeron viviendas y talleres artesanales. Se abandonaron los sistemas de alcantarillado público, y las casas de ricos romanos se subdividieron en múltiples viviendas.

Espacios céntricos que anteriormente habían sido mercados o edificios públicos seculares se habían convertido en iglesias y sedes episcopales, visibilizando así el triunfo del cristianismo tanto a nivel espiritual como político. Tanto es así, que los pocos proyectos de construcción monumental de época goda eran edificios cristianos dentro y fuera de los muros de las ciudades, como iglesias, santuarios y mausoleos para los obispos. En el siglo VI los cambios que se venían sucediendo desde el siglo IV se consolidaron hasta cambiar el urbanismo romano por uno mucho más parecido al medieval.

Pero a pesar de este panorama de declive de las urbes y de la economía, en Hispania las ciudades seguían siendo el centro de la vida política. Esto diferencia Hispania de otras zonas del antiguo Imperio romano, donde la centralidad política se había desplazado desde las ciudades hacia el campo, y esto es algo que solo ocurrió en España con algunos reinos cristianos. Eso sí, las ciudades en general habían entrado en declive y los vínculos entre las ciudades y las zonas rurales eran más débiles.

Castella de Peña Amaya, por José Ramón Almeida
Castella de Peña Amaya (Burgos), por José Ramón Almeida

El campo también sufrió cambios. En lugares elevados emergieron pequeños poblados fortificados ya fuera por defensas naturales o con murallas, los conocidos como castella. Estos castella no son nada raros en un contexto de inestabilidad política, de hecho, en época prerromana ya había muchos castros y oppidum que ejercían una función muy similar. Y por supuesto, los monasterios y cenobios se expandieron en áreas rurales como formas de hábitat más autosuficientes, y éstos junto con los eremitorios de ermitaños fueron muy importantes para seguir con la cristianización del campo hispano.

A principios del siglo VI muchas de las lujosas villas romanas fueron abandonadas, aunque algunas continuasen e incluso se expandieran. Sin duda la disminución general de la riqueza tuvo que ver con el fin de las villas romanas, pero también por un proceso generalizado de mayor concentración de la riqueza y de que buena parte de la élite romana se había hecho con puestos eclesiásticos y dedicaba su capital a construcciones eclesiásticas y a acciones caritativas. Los magnates tenían su primera residencia en ciudades importantes o también en los castella que he mencionado antes, y desde allí delegaban la gestión de sus fincas y tierras a agentes que los representaban.

Parece que las villas que permanecieron se convirtieron en el centro social y económico de pequeñas aldeas, es decir, pasaron de tener un carácter privado a uno más comunal. Esto se ve en el hecho de que muchas villas incorporaron una pequeña iglesia o capilla, que zonas de una antigua villa se reusaron para actividades artesanales, y que espacios cercanos se usaron de cementerio. Así que en cierto modo el fin de las villas romanas y el auge de las aldeas medievales son dos caras de una misma moneda.

El Veredicto: La importancia de los sistemas de sucesión dinástica

En El Veredicto de hoy quiero discutir la importancia de tener un sistema robusto de sucesión dinástica. El Reino visigodo tenía un sistema de sucesión electivo, pero cuando la dinastía baltinga aún era prestigiosa, la nobleza visigoda sólo elegía miembros de esa dinastía. El prestigio de los baltingos terminó con la batalla de Vouillé, y por eso esa dinastía acabó cayendo. Después de eso, las sucesiones siempre fueron un problema para los visigodos, y sufrieron muchas revueltas y guerras civiles por ello.

Algo similar ocurrió con el Imperio romano, ya que sus instituciones no eran lo suficientemente fuertes para evitar las constantes usurpaciones y golpes de estado. Por eso creo que ni un sistema hereditario electivo ni una simple primogenitura es bueno para la estabilidad de las monarquías. El mejor sistema sería probablemente un sistema electivo dentro de la familia real con algún tipo de prueba para elegir el mejor sucesor posible, ya sea hombre o mujer. Sin embargo, la mejor manera de asegurar la supervivencia de una dinastía es probar la efectividad del monarca para gobernar, de lo contrario la dinastía puede caer. Y con eso, El Veredicto termina.

Avance y outro

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