En el episodio corto 7 descubrirás la fascinante historia de cómo llegó el primer occidental e hispano en el Reino de Corea de la dinastía Joseon, el jesuita madrileño Gregorio de Céspedes. Una historia que cruza la historia de Corea, Japón, China, Portugal y España.

La misión evangélica en el Lejano Oriente

Hasta no hace mucho Corea ha sido un país muy desconocido por parte de Occidente, de ahí que se llamase el reino ermitaño antes de su apertura forzosa al extranjero a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Las primeras informaciones que los españoles recibieron sobre Corea fueron a través de japoneses a mediados del siglo XVI, y en el imaginario ibérico ya se formó la imagen de Corea como un reino tributario de China y encerrado en sí mismo, hostil al comercio y a cualquier tipo de contacto con extranjeros. Ya en el 1566 se planeó una misión de evangelización en tierras coreanas, pero debido a la guerra civil que asolaba Japón no pudo llevarse a cabo el viaje. Ante los prometedores éxitos evangelizadores en Japón, la Compañía de Jesús decidió centrar sus esfuerzos ahí antes que dar el salto a la Asia continental.

Hay que entender que el siglo XVI fue la época de mayor expansión y hegemonía de España y Portugal y las distintas órdenes católicas se disputaban los éxitos por conseguir la evangelización de nuevas tierras en América y Asia. Los jesuitas estaban apoyados por los portugueses y desarrollaron misiones de evangelización importantes en el Extremo Oriente, y hay que destacar sus éxitos entre los japoneses no solo de clase baja sino muy especialmente entre señores feudales o daimios, gracias a la política de apertura de Oda Nobunaga, el impulsor de la unificación de Japón. España tardó más tiempo que Portugal en desarrollar su presencia política y militar en Asia y también su evangelización a través de los franciscanos, dominicos y agustinos, pero incluso tras la unión de Portugal a la Monarquía Hispánica españoles y portugueses compitieron por ganar influencia.

Gregorio de Céspedes y Toyotomi Hideyoshi

En este contexto hay que situar a nuestro protagonista, Gregorio de Céspedes, un padre jesuita nacido en Madrid en el año 1551 en el seno de una familia noble. Estudió en Salamanca y ahí ingresó en la Orden de San Ignacio de Loyola, más conocidos como jesuitas, en 1569. A los pocos años fue enviado a Oriente, primero a la colonia portuguesa de Goa, en la India, donde fue ordenado sacerdote para al poco ir a Macao y dirigirse junto a 14 hermanos jesuitas a Nagasaki, Japón, en el año 1577. Lo primero que hizo Céspedes fue visitar al primer señor feudal japonés que se convirtió al catolicismo, Omura Sumitada, bautizado como Bartolomeo, y éste lo recibió con todos los honores y le facilitó el aprendizaje de la lengua nipona. Gregorio estuvo varios años recorriendo Japón y esto le permitió conocer mucha gente destacada, entre ellos su futuro protector Konishi Yukinaga al que convirtió al catolicismo en el 1585 y bautizó como Agustín.

Unificación de Japón bajo Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi
Unificación de Japón bajo Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi

A todo esto, el sucesor de Oda Nobunaga y gobernante de facto de Japón Toyotomi Hideyoshi inicialmente favoreció a los cristianos, pero cambió su actitud porque conocía las ambiciones coloniales que solían acompañar las evangelizaciones, los budistas se quejaron con razón de que los cristianos destruían templos suyos, y los portugueses estaban involucrados en el tráfico de esclavos japoneses. Por eso Hideyoshi proclamó un edicto de expulsión de los misioneros cristianos en 1587, pero estos pudieron ocultarse en la isla de Kyushu, al sur de Japón, bajo la protección de daimios cristianos como Konishi Yukinaga. A efectos prácticos Hideyoshi no forzó la expulsión de misioneros porque las relaciones comerciales con los portugueses eran demasiado beneficiosas, pero les había prohibido su proselitismo y su libertad de acción quedó limitada.

Tras unificar Japón, Hideyoshi tenía la rocambolesca idea de conquistar China pese a la impopularidad de tal campaña, y sí por algún motivo los japoneses del siglo XX no aprendieron la lección de no hacerlo. Le mandó una carta al rey de Corea solicitando acceso a Joseon para atacar China, como hizo Napoleón con España, y el rey coreano le dijo que nanay y eso dio inicio a la invasión japonesa de Corea en el 1592 o guerras Imjin. Algunos misioneros de la Compañía de Jesús veían la invasión de Corea como un peligro para la cristiandad de Japón, porque temían que Hideyoshi se quedase los feudos de los daimios cristianos a cambio de darles tierras en Corea, y aunque eso podía abrir una nueva oportunidad de evangelización echaría por tierra los esfuerzos de cristianización de Japón iniciados por Francisco Javier en el 1549.

Corea durante la primera invasión japonesa y sus principales batallas
Corea durante la primera invasión japonesa y sus principales batallas

Sin embargo, otros como el jefe de la misión jesuita en Japón consideraban que sin quererlo Hideyoshi había abierto las puertas de Corea y China para su evangelización porque se valía de señores feudales cristianos. Hideyoshi tuvo que contener su oposición a los cristianos porque la isla de Kyushu, donde más cristianos había, fue la que más soldados aportó. Los daimios cristianos de Kyushu bajo Yukinaga fueron la vanguardia de la invasión de Corea y conquistaron Busan, Seúl y Pyongyang sin mucha dificultad por la falta de preparación de las defensas y ejército de Joseon. Pero a pesar de los éxitos iniciales, al año los japoneses habían perdido a un tercio de sus soldados por la guerra, hambre y enfermedades y los japoneses se replegaron al sur de Corea tras la intervención china de la dinastía Ming.

El primer hispano en Corea

Yukinaga solicitó al padre Pedro Gómez, máxima autoridad eclesiástica en Japón, el envío de un padre en Corea para satisfacer las necesidades espirituales de los 2.000 soldados japoneses cristianos que participaban en la contienda y levantar la moral de las tropas. Por cierto, es muy relevante señalar que la solicitud de un padre es una prueba de la sincera conversión al catolicismo de los japoneses conversos y que no fue por tanto por conveniencia política o para buscar el apoyo militar de Portugal. Pedro Gómez eligió a Gregorio porque era conocido por muchos de los señores que participaban en la guerra, y por esta petición de Yukinaga Gregorio de Céspedes se convirtió en el primer hispano y europeo en pisar suelo coreano el 27 de diciembre del 1593. Antes de llegar hizo escala en la isla japonesa de Tsushima, donde bautizó a algunos japoneses, entre ellos el señor de la isla y yerno de Konishi Yukinaga, So Yoshitoshi.

El filólogo Park Chul presenta a Céspedes como un misionero que quería evangelizar Corea, pero como dice el teólogo Seung Ho Bang las cartas dejan claro que tenía el rol de capellán para los soldados japoneses, algo muy común en las expediciones militares del siglo XVI. Seung Ho Bang cree que hay que contextualizar a Céspedes en la relación simbiótica y de colaboración entre el Imperio español y la Iglesia, ya que muchas veces las conversiones eran un paso previo para justificar intervenciones militares extranjeras y conquistas. En este sentido, aunque Gregorio y los jesuitas tenían la intención de convertir a los japoneses y coreanos como paso previo a China, ellos eran parte de una estrategia mayor de expansión política ibérica.

La correspondencia de los jesuitas sugiere que los jesuitas pretendían ganarse el favor de Hideyoshi y ampliar su influencia ayudando en las expediciones japonesas contra Corea y la planeada contra China. Esto contradice la visión más apologista de estos hechos que presenta Park Chul, que ve a Céspedes como un misionero y no capellán militar que trajo por primera vez la palabra de Jesucristo en Corea, porque aunque los jesuitas tuvieran su propia agenda se pusieron del lado de los intereses expansionistas japoneses. Siguiendo con la historia, Céspedes tuvo que permanecer oculto en la parte más alta del castillo de Ungcheon, situado al sureste de Corea cerca de Busan, porque claro Hideyoshi no podía enterarse de la presencia de un jesuita.

Cuando su protector Yukinaga llegó al castillo, Céspedes tuvo más libertad de movimiento y pudo salir algunas veces del castillo de Ungcheon para visitar otros castillos con señores feudales cristianos de los clanes Konishi, Omura y Arima. Se conservan cuatro cartas de Céspedes escritas en Corea, y tienen un gran valor histórico porque son el primer testimonio de un occidental en Corea y de un testigo directo de las guerras Imjin. El jesuita escribió sobre las complicadas negociaciones de paz entre China y Japón, entre otras cosas porque el emperador de China necesitaba suscribir el tratado de paz con el emperador de Japón y no con una especie de regente como Hideyoshi.

En las infructuosas negociaciones de paz destaca el rol diplomático de Naito Yukiyasu, un daimio cristiano que entonces ocupaba una fortaleza en Pyongyang y que tras el edicto anticristiano japonés del 1614 tuvo de exiliarse a la Manila española, donde pasó el resto de sus días. El jesuita Pedro Gómez recibió una carta de Gregorio en que decía que se había entrevistado con un embajador de China por intercesión de Konishi Yukinaga y le pidió que el emperador chino abriese su reino a los misioneros cristianos. Céspedes describió la penosa situación de la guerra por el frío, enfermedades y el hambre, esto último debido a la falta de suministros causados por el exitoso bloqueo naval coreano de la mano del excepcional almirante Yi Sun-sin.

Céspedes también expresó críticas por la barbarie y violencia del daimio budista Kato Kiyomasa, famoso por su rivalidad con Yukinaga, y consideraba que sus actos dificultaban las negociaciones de paz. Y el jesuita español no se equivocó en criticar a Kiyomasa, porque este señor feudal se chivó a Hideyoshi de que Yukinaga había invitado contra sus órdenes a un jesuita. Gregorio había pasado algo más de un año en Corea confesando a los samuráis cristianos y dando catequesis y realizando algunos bautizos a nuevos conversos, pero ante esta situación el padre español tuvo que abandonar Corea y regresar a Japón.

El fracaso japonés y la reacción española

No sabemos si Gregorio también evangelizó a algunos prisioneros de guerra coreanos durante su estancia en Joseon, pero en Japón sí sabemos que convirtió al catolicismo a algunos de los miles de cautivos coreanos esclavizados durante la guerra. De hecho, a su regreso a Nagasaki paró de nuevo en la isla de Tsushima, donde se reencontró con la hija de Yukinaga y ésta le entregó dos niños cautivos coreanos de alta cuna. Uno de ellos se convertiría en Vicente Kaun, hijo de un secretario del rey de Corea que desgraciadamente se convirtió en mártir en Japón en el año 1625. En Japón los jesuitas bautizaron a más de 2.000 cautivos coreanos en el 1594 y se vieron en la necesidad de formar intérpretes de coreano para extender su fe. Algunos coreanos se unieron a la Compañía de Jesús y el padre Pedro Morejón calificó a los coreanos como gente dócil de gran capacidad e ingenio.

En el 1597 se produjo la segunda invasión japonesa a Corea y sabemos que un nuevo padre español llamado Francisco de Laguna estuvo ahí dos meses, pero la segunda invasión duró poco tiempo porque murió Hideyoshi. Sobre Gregorio de Céspedes sabemos que pasó sus últimos años bajo la protección de Hosokawa Tadaoki, señor del feudo de Kokura y esposo de la cristiana Hosokawa Gracia, hija del samurái que obligó a Oda Nobunaga a cometer seppuku. Finalmente, Céspedes falleció en el año 1611 a los 60 años de edad en Japón, poco antes de que se intensificase la persecución contra el cristianismo en Japón. ¿Y desde el mundo hispano como se recibieron todos estos hechos de Japón y Corea? Aquí sobre todo hay que hablar de la preocupación de las autoridades españolas de Filipinas por el expansionismo japonés.

Por una parte, les tranquilizaba que Japón dedicase recursos a la conquista de Corea y China porque eso los mantenía entretenidos y evitaba que Filipinas fuera su objetivo, pero por otro era normal el malestar porque el gobernador de Filipinas Gómez Pérez Dasmariñas recibió una carta amenazante de Toyotomi Hideyoshi. En la carta Hideyoshi decía: “ahora quiero ir a la gran China a ganarla, porque el cielo me lo tiene prometido, y no por mis fuerzas. Espántome mucho que esa tierra de la isla de Luzón no me haya enviado embajador o navío; y así estaba determinado, como había de ir a la China, ir a Manila con mi armada.” Hay que recordar que había muy pocos colonos españoles en Filipinas, algo más de 1.000, por lo que la ofensiva de un gran ejército sin duda llevaría al fin del dominio español del archipiélago.

Dasmariñas pensó que si Hideyoshi atacaba Corea perdería, pero temía que los rumores de la invasión de Corea fueran falsos y que en verdad pretendiese atacar Filipinas, por lo que mandó regalos y embajadas para rebajar las tensiones e informarse sobre el desarrollo del conflicto a través de frailes. Al producirse la segunda invasión japonesa en el 1597, el gobernador Francisco Tello mandó una carta con estas palabras al rey Felipe II: “Vuestra majestad humilmente nos mande socorrer […] podríamos vernos en aprieto con un príncipe tan poderoso como el de Japón.” Tras el fracaso japonés en la guerra el gobernador criollo de Filipinas Rodrigo de Vivero propuso aliarse con Japón para conquistar Corea, tierra que presentaba como poco belicosa y próspera para hacer la propuesta más atractiva, pero con los problemas que tenía el Imperio español los recursos dedicados a Asia disminuyeron.

¿Y qué consecuencias tuvieron las guerras Imjin? Para Corea, supuso la pérdida de miles de vidas, de conocimientos técnicos y culturales, y de muchos bienes materiales y documentos que fueron saqueados y destruidos, la economía coreana quedó devastada y a partir de esta experiencia traumática el país se cerró aún más a los contactos con el extranjero. La dinastía Ming de China quedó debilitada por los costes de la guerra y facilitó el auge de los manchúes, que con el tiempo sustituyeron a la dinastía Ming. Para Japón quedaron frustrados sus planes imperialistas y la dinastía Toyotomi quedó debilitada, lo que permitió que Tokugawa Ieyasu se erigiera como amo de Japón e instaurase el shogunato que aisló Japón del resto del mundo durante más de dos siglos.

Pintura de los mártires de Nagasaki por un autor anónimo de la escuela cuzqueña, siglo XVIII
Pintura de los mártires de Nagasaki por un autor anónimo de la escuela cuzqueña, siglo XVIII

Además, como los daimios cristianos de Kyushu fueron los que más soldados aportaron, fueron los que sufrieron más bajas y eso hizo que perdieran ante Tokugawa, que no dudó en redoblar la persecución contra el cristianismo en Japón y como consecuencia miles de japoneses y coreanos católicos residentes en Japón fueron crucificados, decapitados, quemados o muertos de otros modos crueles por las autoridades del shogunato hasta que el cristianismo japonés desapareció. Y por su parte, los jesuitas no pudieron evangelizar Corea y China como desearon y España, Portugal y la Iglesia perdieron su oportunidad para consolidar su influencia en el Lejano Oriente.

Outro

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Fuentes

Chul, Park. “Gregorio de Céspedes, primer visitante europeo de Corea.” Revista española del Pacífico 3 (1993): 139-148.

Cristóbal Montero Díaz, Ismael. “Cartas desde Ungcheon. Amaterasu en la tierra del amanecer tranquilo.” Visiones de un mundo diferente: Política, literatura de avisos y arte namban, editado por Osami Takizawa y Antonio Mínguez Santa Cruz, Centro Europeo para la Difusión de las Ciencias Sociales, 2015, 87-108.

de Laurentis, Ernesto. Evangelización y prestigio. Primeros encuentros entre España y Corea. Editorial Verbum, 2009.

González Bolado, Jaime. “Cruces y katanas en Corea: Los cristianos en la Guerra Imjin (1592-1598).” Asiadémica: revista universitaria de estudios sobre Asia Oriental 16 (2021): 111-137.

Ho Bang, Seung. “An Assessment of the role of Gregorio de Céspedes, SJ during the Imjin War in the late Sixteenth Century: Church and state collaboration in the Spanish colonization.” Journal for the Study of Religions and Ideologies 14.40 (2015): 186-208.

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