Este es el episodio 9 llamado Bajo Imperio y cristianismo en Hispania y en este episodio aprenderás:

La sociedad hispanorromana

Bien, antes de empezar este episodio con política, tengo que hablarte brevemente sobre cómo estaba articulada y dividida la sociedad hispanorromana. Para simplificar las cosas podemos considerar la sociedad hispanorromana como una pirámide donde en lo alto se encontraban los patricios y senadores, es decir, los grandes terratenientes, y los équites, también conocidos como caballeros o orden ecuestre. La forma de riqueza más respetada en la sociedad romana era la propiedad agraria, mientras que el comercio y la artesanía se veían como inferiores. Por ello, los patricios y senadores gozaban del mayor estatus económico, político y social, mientras que los équites no eran tan respetados.

Pirámide de la sociedad romana, excluyendo no ciudadanos y esclavos
Pirámide de la sociedad romana, excluyendo no ciudadanos y esclavos


El poder de los équites provenía de la recaudación de impuestos y de actividades comerciales, artesanales y financieras. Además, dentro de la administración y ejército romano se les reservó diversos puestos de importancia, como el gobierno de Egipto o el control de la guardia pretoriana. Luego, dentro de los estamentos de mayor estatus en la sociedad hispanorromana encontramos finalmente al orden de los decuriones. Los decuriones eran élites dirigentes de las ciudades y formaban parte de los consejos o senados municipales, pero estaban muy lejos de la riqueza que podían tener los équites y aún más de los senadores.


En la parte inferior de la pirámide social se encontraban los plebeyos, gente libre con derechos ciudadanos, pero de ocupaciones muy diversas y pocos recursos económicos. Luego están los peregrini o indígenas sin ciudadanía romana, los libertos y finalmente los esclavos, que en la Roma alto imperial eran muchos. Por tanto, además de desigualdades económicas, estamos hablando de diferencias jurídicas, entre gente libre y no libre, y ciudadanos y no ciudadanos.


En cuanto a la mujer en la sociedad hispanorromana, como suele pasar no tenemos mucha información porque la sociedad era patriarcal, y eso se nota también en las fuentes literarias. Durante siglos, la legislación romana había prohibido que las mujeres pudieran ser herederas legales, pero en época imperial por fin pudieron heredar y disponer de sus propios bienes. Esto permitió que algunas mujeres amasaran fortunas y pudieran ejercer un papel en la sociedad más activo, por ejemplo financiando buenas obras o liberando esclavos. Las mujeres plebeyas se las podía ver haciendo toda clase de trabajos, no estaban limitadas a trabajos domésticos como la crianza de los hijos o cocinar, sino que también la mayoría participaba en labores del campo o el cuidado del ganado. Y si quieres saber más detalles sobre las mujeres de Hispania, conviértete en mecenas y disfruta de acceso exclusivo durante un año del episodio extra ‘Mujeres y economía en la Hispania romana’ en patreon.com/lahistoriaespana

Crisis del siglo III. ¿Decadencia o transformación?

En el año 235 la crisis del siglo III comenzó con el asesinato del último emperador de la dinastía Severa, una crisis que debilitó y cambió para siempre al Imperio romano. Hubo un vaivén y una proclamación constante de emperadores y aspirantes a emperadores, dejando al Imperio en un estado de guerra civil durante décadas. Roma estaba amenazada por enemigos externos como los pueblos germánicos en el norte o el Imperio sasánida en el este, las plagas diezmaron a la población, la inflación era galopante, y todo este cóctel de desastres tuvo efectos económicos devastadores. Las ciudades sufrieron tanto las plagas como la depresión económica, y eso acabó con la tendencia a la urbanización y en su lugar hubo una lenta tendencia a volver a las pequeñas comunidades rurales.


En época republicana y del Alto Imperio, Roma basó su economía en la expansión militar para capturar esclavos, botines de guerra y nuevas tierras para la clase terrateniente. Pero la expansión difícilmente podía continuar, y el enorme aparato militar romano era muy caro de mantener. Además, como había menos esclavos, se volvieron más caros, por lo que los terratenientes dejaron de utilizarlos y en su lugar utilizaron a agricultores que pagaban a los terratenientes por el arrendamiento de sus tierras para cultivarlas y para su protección. Este fue el germen de la propiedad de la tierra medieval, porque los agricultores libres se convirtieron en lo que se conoce como colonus, perdieron su libertad de trasladarse a otras tierras y su condición de semiesclavitud o servidumbre se convirtió en hereditaria. Política y militarmente, la clase senatorial tradicional fue reemplazada por ecuestres y nuevos senadores que provenían de familias de équites enriquecidas, así que vemos movilidad social en esta época de transformaciones.


Eso era lo que ocurría en todo el Imperio romano, pero ¿qué ocurría en Hispania? Cabe destacar que las consecuencias negativas de la anarquía militar no eran tan evidentes en Hispania como en otras regiones, y la razón es que Hispania no fue nunca escenario de las batallas de las guerras civiles y además ya estaba estancada económicamente desde el reinado de la dinastía Severa. Pero aparte de la crisis económica y los cambios sociales, los pueblos germánicos entraron por primera vez en la península ibérica. En el año 258 miles de francos y alamanes de Germania penetraron en la Galia, devastando y saqueando todo lo que encontraban a su paso. Hispania había disfrutado de paz durante más de un siglo mientras las batallas de las guerras civiles ocurrían en otras regiones, por lo que las ciudades no estaban debidamente fortificadas.

Imperio romano dividido durante el siglo III
Imperio romano dividido durante el siglo III


Sabiendo que Hispania podría ser el próximo objetivo de los francos, algunas ciudades fueron capaces de construir fortificaciones, y de hecho la tendencia a amurallar poblaciones empezó en este período también. Lo peor era que desde la dinastía Severa pocos hispanorromanos servían en el ejército, así que no estaban preparados de ningún modo. Los francos finalmente cruzaron los Pirineos y saquearon y arrasaron en buena medida el litoral catalán y levantino. La historiografía tradicional hablaba de una destrucción muy generalizada de muchas ciudades de Hispania, pero a raíz de investigaciones recientes ese no parece que fuera el caso y por tanto no hay que exagerar los efectos negativos de estas incursiones. En el 260 el gobernador romano y general de las legiones de Germania Póstumo tuvo un gran éxito en repeler nuevas oleadas de francos que intentaban invadir el Imperio romano.

En una época de caos como la crisis del siglo III, muchos vieron en él al líder que podía asegurar su protección y supervivencia. Así fue como Póstumo estableció lo que la historiografía llama Imperio galo, que controlaba la Galia, Germania, Britania, e incluso partes de Hispania. Parece ser que algunos gobernadores de Hispania mostraron lealtad a Póstumo, pero la mayoría de Hispania siguió leal a los emperadores de gobernaban en Roma. Para aclararlo, se considera que Póstumo creó un estado separado porque no intentó conquistar Italia y creó instituciones separadas que emulaban a las romanas.


Más tarde, el emperador Aureliano reconquistó el Imperio galo en el 274, como lo hizo con el Imperio de Palmira de Oriente Próximo. Eso le valió el título de Restaurador del Mundo, pero la unidad no duró mucho. Aureliano fue asesinado al año siguiente, lo que hizo al Imperio romano de nuevo vulnerable a las amenazas externas, así que otra vez miles de francos y alamanes invadieron la Galia y unos pocos parece que asaltaron partes de Hispania. Las ciudades hispanorromanas reconstruyeron sus murallas y crearon milicias locales para hacer frente a la incertidumbre, pero en cualquier caso después de toda la inestabilidad del siglo III lo que buena parte de las ciudades hispanorromanas tenían en común es que habían perdido población.


Sin embargo, más que por conflictos militares, los cambios urbanos del siglo III y IV se producen por cambios socioeconómicos. Las élites urbanas, los decuriones, querían huir de los gastos y obligaciones que les representaba vivir en la ciudad, y en vez de invertir en las ciudades invirtieron su riqueza en grandes y lujosas villas rurales. Este fenómeno no se explica solo por la inestabilidad y cambios políticos, sino en gran parte por una creciente concentración de la riqueza en pocas manos, es decir, que cada vez había más latifundistas y menos pequeños y medianos propietarios.


Otras élites hispanorromanas se mudaron a grandes ciudades de importante peso político y administrativo, debido a la mayor burocratización a nivel imperial, y por eso ciudades medias y poco diversificadas económicamente perdieron población. Valiosas industrias hispanas como el cultivo del aceite de oliva o la minería disminuyeron mucho su producción, a pesar de que otras como la de la salazón parece que se expandieron. En términos generales, muy gradualmente la economía se volvió menos orientada al mercado y más agraria, local y autárquica, y así es como Europa estaba un paso más cerca de la economía feudal.


Aquí aprovecho para comentar que hay un debate historiográfico que tiene dividido a los historiadores. Unos defienden la tesis tradicional que caracteriza el Bajo Imperio como una época de decadencia en términos económicos, urbanos y políticos y militares, tal y como he hecho yo con matices. Otros como Gonzalo Bravo o Michael Kulikowski proponen una teoría revisionista que minimiza las etiquetas negativas de este período y en vez de hablar de crisis y decadencia hablan de transformaciones y de un tránsito hacia lo que se verá en siglos posteriores, hasta el punto de negar la decadencia económica y urbana. Está claro que este fue un período de transformaciones, pero a mí me parece un eufemismo cuando se usa así y particularmente no me convencen los argumentos dados por los revisionistas.


Tanto las fuentes literarias como arqueológicas evidencian una decadencia económica, la pérdida de importancia de las ciudades a favor de las villas rurales, la caída en la producción de ciertas industrias, y eso por no hablar de la inestabilidad política, social y las incursiones bárbaras. Sí que hay que matizar que los cambios de la época del Bajo Imperio se produjeron gradualmente y no se produjo una ruptura abrupta, por tanto si se entiende crisis como cataclismo inesperado pues no, pero no me convence eso de negar que el Imperio romano y Hispania estaban en decadencia en comparación con la época del Alto Imperio. De hecho, Hispania en particular había pasado de ser una región clave para el Imperio y de gran peso político en el siglo I y II a ser una región empobrecida y periférica del Imperio, y así lo vieron también los testimonios contemporáneos. En todo caso, te ánimo a investigar más sobre este debate historiográfico para ver qué posición te convence más.

Origen del cristianismo en Hispania

Y hablando de transformaciones y cambios, en esta era de desesperación, una nueva religión se abrió paso para traer algo de esperanza: el cristianismo. Como sabrás, con el paso de los siglos España y el cristianismo se convirtieron en conceptos muy ligados, así que permíteme dedicar algo de tiempo a los orígenes del cristianismo en Hispania, cómo se expandió, y las herejías y mártires de Hispania. Pero antes de hablar del cristianismo, debemos hablar de la comunidad judía de Hispania. Tenemos algunas evidencias arqueológicas que confirman la presencia de judíos en Hispania al menos desde el siglo I, pero a juzgar por la cantidad de hallazgos no había muchos judíos. ¿Por qué comento esto? Pues porque los seguidores de Cristo eran considerados una secta judía hasta el siglo II, y solo entonces el cristianismo se convirtió en algo claramente diferente que competía con el judaísmo ortodoxo, ya que ambas religiones querían hacer proselitismo, querían ganar fieles. Si no había muchos judíos en Hispania, tiene sentido que el cristianismo tardara más tiempo en llegar y establecerse.


La historiografía eclesiástica siempre se ha esforzado a demostrar el origen apostólico del cristianismo español, basándose en tres tradiciones independientes: la predicación del Apóstol Santiago el Mayor, la predicación de los Siete Varones Apostólicos y la llegada del Apóstol Pablo. La predicación de Santiago el Mayor no tiene ningún fundamento histórico, porque no es hasta el siglo IX que tenemos relatos que afirman que el Apóstol Santiago el Mayor fue enterrado en Santiago de Compostela. O sea que no, no tenemos justificación histórica para la existencia del Camino de Santiago, pero esta leyenda ayudó a levantar la moral de los cristianos durante la Edad Media y fue un elemento de legitimización importante para la monarquía asturleonesa, tanto políticamente como para desafiar la primacía de Toledo, ya que en ese entonces estaba gobernada por los musulmanes.


Incluso hoy en día Santiago el Mayor es el santo patrón de España, y los ejércitos españoles usaron durante siglos el grito de guerra “Santiago y cierra España”, así que su historia ha tenido mucha importancia en la conciencia nacional española, pero en términos puramente históricos es una teoría que queda descartada. La segunda tradición que he mencionado fue la predicación de los Siete Varones Apostólicos, que fueron siete clérigos enviados a evangelizar Hispania. Una vez más, sólo muchos siglos después de que el evento supuestamente ocurriera tenemos noticias de estos señores, así que es muy poco probable que existieran.


La tercera tradición sobre la llegada del Apóstol Pablo de Tarso tampoco parece muy verosímil, aunque algo más que las otras dos. San Pablo escribió en su epístola a los romanos que quería viajar a Hispania y empezar a hacer proselitismo. Esta epístola no es una confirmación de que realmente viajara a Hispania, solo expresa el deseo de hacerlo, pero según el Papa Clemente I, Pablo de Tarso anunció el Evangelio de Cristo hasta los confines de Occidente, una frase que sin duda se refiere a la península ibérica. Hay además otras menciones de este viaje en otros textos del cristianismo primitivo, lo que le da algo de credibilidad a esta historia. Sin embargo, la pregunta que surge es por qué habría una discontinuidad entre la predicación de Pablo y el posterior cristianismo hispano, algo que no sucedió en los otros lugares donde él predicó.

Propagación del cristianismo en los años 325 y 600
Mapa de la cristianización del Imperio romano, en azul oscuro regiones más cristianizadas en el año 325 y en azul claro en el año 600


Cualquiera que sea la verdad detrás de la llegada del Apóstol Pablo a Hispania, la teoría más ampliamente aceptada y corroborada es que el cristianismo en Hispania llegó principalmente a través de África en el siglo III y primero se propagó por las ciudades. Tanto el ejército como el comercio con África tuvieron un papel muy importante en la expansión del cristianismo en tierras hispanas, porque durante la época del Imperio romano Hispania mantenía relaciones estrechas con el norte de África. Eso explicaría por qué las iglesias de Mérida, Astorga y también Zaragoza apelaron al obispo de Cartago para resolver un asunto en lugar de Roma en el siglo III.


Es bueno recordar que las iglesias de los primeros cristianos eran muy independientes entre sí, pero la petición a Cartago demuestra una relación con las iglesias hispanas que éstas no tenían con Roma. Hay otras evidencias que refuerzan la veracidad de esta teoría. El Sínodo de Elvira, antigua ciudad muy cercana a la actual Granada, menciona características que sólo se podían encontrar en las iglesias del norte de África, y la liturgia y la arquitectura de las primeras iglesias hispanas tienen características claramente norteafricanas.


Sobre las persecuciones contra los cristianos, no tenemos noticias de ninguna en los siglos I y II. La primera persecución cristiana que afectó a Hispania fue ordenada por el emperador Decio en el 250. Luego el emperador Valeriano ordenó una gran persecución y esto afectó a algunos clérigos de la Iglesia hispana muy relevantes, como por ejemplo el obispo de Tarragona Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio en el 259. Finalmente, Diocleciano tuvo el dudoso honor de ser el último emperador romano en perseguir a los cristianos, y en Hispania muchos se convirtieron en mártires por sus persecuciones.

Fin de la crisis del siglo III

Sin embargo, también fue Diocleciano el hombre que reformó el Imperio para poner fin a la crisis del siglo III, entrando así en la era del Bajo Imperio y el sistema de gobierno del Dominado. Sus reformas consistieron en la división del imperio en el Imperio romano de Occidente y el de Oriente y la centralización del poder en manos de un emperador cada vez más autócrata. El emperador del Bajo Imperio ya no escondía que Roma había dejado de ser una república, e instituciones como el senado perdieron relevancia para dar paso a una corte, como la de cualquier buen monarca.


Entre otras cosas, Diocleciano duplicó el número de provincias del Imperio para facilitar su gestión y reducir el poder de los gobernadores provinciales. Por eso también podemos hablar de una mayor burocratización, y además en esta época aumentó el intervencionismo estatal en la economía y aumentó la presión fiscal para sufragar los gastos militares para hacer frente a las amenazas de Persia y el centro y este de Europa. En Hispania dividió la gran provincia de Hispania Tarraconense en tres: Hispania Gallaecia, Hispania Cartaginense y una Hispania Tarraconense más pequeña. En la segunda mitad del siglo IV incluso se añadiría una provincia solo para las Baleares.

España. Ruralización de la sociedad romana. Villas romanas y o
División adminstrativa de la Hispania del Bajo Imperio romano tras las reformas de Diocleciano

Para controlar y coordinar a los gobernadores provinciales Diocleciano creó diócesis que agrupaban varias provincias, y la diócesis de las Hispanias tenía la capital en Mérida, entonces una importantísima ciudad próxima tanto al norte peninsular por la Vía de la Plata como a la Bética. La diócesis de las Hispanias no sólo agrupaba las provincias de Hispania sino también la Mauritania Tingitana, las costas de Marruecos, que para Hispania eran una frontera militarizada para protegerse de ataques de bereberes, como el Rin para la Galia. En el Bajo Imperio también se creó una unidad aún más grande que la diócesis, la prefectura, y en el caso de Hispania ésta formaba parte de la Prefectura de las Galias, con capital en Arlés, en el sureste de Francia.


Aparte de las reformas administrativas, Hispania experimentó cambios económicos y urbanos. Hispalis, la actual Sevilla, se convirtió en la ciudad más importante de Hispania, debido al floreciente transporte fluvial de mercancías del valle del Guadalquivir, como el aceite de oliva, el vino, los caballos o el jamón serrano. Barcelona ganó importancia ya que Tarragona nunca se recuperó de la destrucción que causaron los invasores germánicos, y Cádiz también entró en declive.

El Edicto de Milán

Con la abdicación de Diocleciano, una nueva guerra civil estalló. Si es que… Estos romanos es como si quisieran que su imperio cayera. El emperador Constantino salió victorioso de este conflicto y reunificó el Imperio, y no solo eso, sino que trasladó la capital imperial a Bizancio en el año 330, rebautizando la ciudad como Nueva Roma o Constantinopla. Esta decisión se produjo después de muchas décadas de claro declive de Roma, y esto aseguró la supervivencia de Roma en una forma diferente hasta la Baja Edad Media. Más relevante para nosotros es la proclamación del Edicto de Milán en el 313, que ordenó la tolerancia del cristianismo en todo el Imperio romano. El Sínodo de Elvira es contemporáneo al Edicto de Milán, y me gustaría analizar un poco el texto de este sínodo para entender la influencia de la Iglesia en Hispania a principios del siglo IV.


Los textos dejados por este sínodo revelan que el cristianismo tuvo una fuerte presencia en las ciudades y especialmente en la región más urbanizada de Hispania, la Bética. También podemos concluir que el cristianismo tenía seguidores de todas las clases sociales, desde oligarcas hasta esclavos. Las iglesias en Hispania tenían suficiente poder para empezar a condenar algunos trabajos y comportamientos, y los líderes cristianos hispanorromanos ya mostraron preocupación en relación con el judaísmo. Pero aunque el Edicto de Milán toleraba el cristianismo, el proceso de ganar adeptos no fue fácil, y en el poco romanizado norte de España el cristianismo apenas pudo difundirse hasta la época del Reino visigodo.

Burócratas por clérigos

Después de la muerte de Constantino, ¿adivina qué pasó? Pues sí, el caos volvió al Imperio romano. Numerosas guerras civiles y usurpaciones tuvieron lugar entre el 337 y 394. Así es, durante más de 50 años el Imperio lo gobernó el caos, de nuevo, después de la desastrosa crisis del siglo III. Podría nombrar a todos los usurpadores y pretendientes, pero hay pocas cosas dignas de mención de este período, aparte del hecho de que el Imperio romano se estaba haciendo el harakiri. En la vertiente religiosa, sin embargo, estaban sucediendo cosas interesantes. Las decadentes instituciones romanas estaban siendo reemplazadas por iglesias cristianas, ya que estas tenían una capacidad de influencia a nivel local que el Imperio no tenía, y además vemos en esta época como la Iglesia y las autoridades romanas cada vez tenían una relación más estrecha.


La fe cristiana seguía expandiéndose, pero con la falta de una Iglesia central fuerte y con el descontento de algunos contra las jerarquías cada vez más ricas y poderosas del cristianismo niceno, numerosas herejías surgieron también. En Hispania tenemos el caso del priscilianismo, un movimiento cristiano que promovía un estricto estilo de vida ascético, influido por el gnosticismo y siguiendo un poco las corrientes del cristianismo primitivo. La palabra del hispanorromano Prisciliano se expandió durante los años 370, y eso representaba un problema, porque el priscilianismo no era una mera pelea entre obispos partidarios de Prisciliano, sino un desafío al nuevo poder de la Iglesia y también un problema político y social. El Sínodo de Zaragoza en 380 y el Primer Concilio de Toledo condenaron el priscilianismo y mostraron la creciente confluencia política del poder religioso con el poder secular, porque autoridades civiles condenador a Prisciliano a muerte en el 385. Sin embargo, eso no evitó que su doctrina fuese seguida por muchos en Hispania y en la Galia hasta el siglo VI.

Teodosio, el fin de la unidad romana

Había poco que salvar cuando Teodosio se convirtió en el último emperador del Imperio romano unificado y el último emperador hispanorromano, después de la victoria visigoda sobre los romanos en la batalla de Adrianópolis. Teodosio hizo del cristianismo niceno la religión oficial y única del Imperio romano, cualquier otra religión o herejía fue prohibida y perseguida. Teodosio reconoció que muchos ciudadanos romanos, incluido él mismo, se habían convertido al cristianismo entre los siglos III y IV, y tenía sentido consolidar una alianza política con la Iglesia, una Iglesia que tenía al hispanorromano Dámaso como su Papa.


Durante su gobierno Teodosio persiguió el paganismo, las herejías y otras creencias, y toleró o incluso alentó la destrucción de los templos paganos, entre ello templos griegos de tiempos remotos. Para mencionar un evento específico que muestra cuán poderosa era la Iglesia a estas alturas, Ambrosio, obispo de Milán, se negó a permitir que Teodosio entrara en su iglesia hasta que no mostrara remordimiento por la Masacre de Tesalónica, una trágica masacre de 7.000 personas ordenada por Teodosio. Si has visto Juego de Tronos, seguro que verás un paralelismo con esto y cómo el Gorrión Supremo humilló a Tommen y Cersei en público.

San Ambrosio y el emperador Teodosio (1619) de Anton van Dyck
San Ambrosio y el emperador Teodosio (1619) de Anton van Dyck


Su decisión de permitir que los pueblos bárbaros germánicos se establecieran en Tracia, muy cerca del corazón del Imperio romano, ha sido un tema de controversia durante siglos. Ciertamente fue una política que demostró cuán débil era el Imperio en ese momento, pero ¿tenía Teodosio otra alternativa? Probablemente no. Mientras los hunos masacraban a los germanos y desequilibraban sus formas de vida, éstos se veían obligados a emigrar al Imperio romano. Comenzaron a llenar las filas del ejército romano, hasta el punto de que la mayoría del ejército romano de occidente era germánico. He dicho que Teodosio fue el último emperador del Imperio romano unificado, pero ¿por qué lo decidió así? Pues básicamente porque viendo las décadas precedentes, Teodosio sabía que si intentaba nombrar a un único sucesor las guerras civiles continuarían, así que optó por dividir el Imperio de una vez por todas.

En el oeste, Honorio, un niño de 10 años, sucedió a Teodosio en el año 395. Por razones obvias, quien gobernaba el Imperio romano de Occidente era un regente, Estilicón, un general de ascendencia romana y vándala. Esto y el hecho de que la mayoría del ejército romano era germánico prueba lo decadente que era la sociedad romana en ese momento. Si tus propios ciudadanos se niegan a servir y defender el país, tu estado caerá más pronto que tarde, y sabiendo lo poco dispuestos que estarían los españoles de defender España en caso de invasión, nuestro futuro parece a veces bastante deprimente. En cualquier caso, hablaré de su gobierno y el de sus sucesores en los próximos episodios, pero alerta de spoiler, el Imperio romano de Occidente no llegará al siglo VI.

El legado romano en España

No puedo terminar este episodio sin hablar del legado que Roma dejó en España. Para empezar, los romanos nos dejaron el derecho romano, que es el marco de la mayoría de los sistemas legales actuales alrededor del mundo. El latín se convirtió en la lengua común del Imperio, y el latín sobrevivió al Imperio y se siguió usando en trabajos intelectuales, culturales, teológicos y científicos durante siglos. La gente común siguió usando el latín, pero con el tiempo evolucionó en múltiples lenguas romances. En la península ibérica todos los idiomas, excepto el euskera, derivan del latín, incluyendo el español, portugués, catalán o el gallego. De hecho, hoy en día 1/3 de la población mundial habla un idioma derivado del latín, siendo el español el tercer idioma más hablado después del chino y el inglés.


Continuando con el legado cultural, los romanos dejaron un asombroso legado artístico que copiaron en gran medida de los griegos, con esculturas, pinturas y mosaicos realmente espectaculares. Hubo destacados escritores, dramaturgos, poetas y filósofos hispanorromanos, como Séneca el Viejo y el Joven, Lucano, Marcial, Columela, o Orosio. La existencia de un imperio mediterráneo permitió un intenso intercambio intercultural y religioso que no hubiera ocurrido de otra manera. Bajo el Imperio romano se expandió la fe politeísta romana, pero también las creencias egipcias, sirias y otras orientales. Eventualmente eso también ayudó a la expansión del judaísmo y el cristianismo, a pesar de que las élites romanas se opusieran inicialmente a estas creencias monoteístas que desafiaban su sistema político. Es difícil imaginar todas estas religiones expandiéndose si Europa, África y Asia hubieran permanecido separadas en estados rivales.


Asimismo, tenemos un legado romano más tangible. Aquí voy a comentar las obras públicas y los monumentos que aún siguen en pie en España, así que si no eres de España o eres español pero quieres hacer más turismo nacional, te recomiendo encarecidamente visitar algunos sitios que voy a mencionar. Dicho esto, los romanos eran gente muy pragmática, por eso eran grandes ingenieros y realizaron grandes inversiones en obras públicas para integrar el Imperio. Tenemos el sistema de calzadas romanas que permitía mover tropas, personas y bienes en Hispania y más allá, por eso tenemos el dicho que dice que todos los caminos llevan a Roma.


Es muy poco probable que el Imperio hubiera sobrevivido tantos siglos sin tal red de calzadas. Durante la Edad Media y hasta los siglos XVIII y XIX, nadie en Europa invirtió en construir y mantener caminos como lo hicieron los romanos. De hecho, muchas carreteras en España pasan por encima de las antiguas calzadas romanas, aunque todavía hay algunos tramos visibles de calzadas romanas aquí y allá. Para proporcionar agua para abastecer a las urbes construyeron acueductos, unas obras de ingeniería civil muy impresionantes para la época, y tenemos por ejemplo los acueductos de Segovia, el Acueducto de Les Ferreres en Tarragona, o el Acueducto de los Milagros en Mérida, Extremadura.

Teatro de Mérida
Teatro de Mérida


Los romanos construyeron anfiteatros para espectáculos y deportes, como los anfiteatros de Santiponce, Mérida, Tarragona o Segóbriga; y teatros para obras de teatro como los de Mérida, Málaga, Medellín o Zaragoza. También hay una cantidad sustancial de puentes romanos, el problema es que en la Edad Media o principios de la Moderna muchos necesitaban ser reformados y restaurados, por lo que es difícil decir hasta qué punto son romanos, e incluso hay unos cuantos que se llaman puentes romanos pero se construyeron mucho después. Tenemos los puentes romanos de Mérida, Salamanca, Alcántara o Córdoba, éste último muy reformado durante el Emirato y Califato de Córdoba.


Lo mismo que ocurrió con los puentes ocurrió con las murallas romanas, y muchas murallas medievales tienen un origen romano. Se pueden visitar las murallas de Zaragoza, Tarragona o el Portal del Bisbe de Barcelona, que es la única puerta que se conserva de las murallas romanas originales. Tenemos algunos templos paganos romanos o templos dedicados al culto al emperador, como el Templo de Diana en Mérida, el templo de Vic o las cuatro columnas del Templo de Augusto que aún se conservan escondidas en Barcelona.


Los romanos también amaban los baños públicos, no sólo con fines higiénicos sino para charlar y hacer negocios. No hay demasiados restos relevantes de las termas romanas, pero por mencionar algunos, están las termas romanas de Lucentum en Alicante, Lugo, Segóbriga o Caldes de Montbui. Por otro lado, las villas rurales son muy útiles para estudiar el estilo de vida de los ricos terratenientes romanos y para contemplar su opulencia. Si tuvieras que visitar una villa romana en España, deberías visitar la villa de La Olmeda en Palencia, pero también podrías visitar Fuente Álamo en Puente Gentil, Córdoba, o Almenara en Puras, Valladolid. Pero aparte de todas las infraestructuras y edificios que he mencionado, hay otros edificios y monumentos que no puedo dejar de lado en este episodio.

El primero sería los embalses de Proserpina y Cornalvo que se utilizaron para asegurar el suministro de agua de Mérida. Luego tenemos el arco romano de Medinaceli y el arco de Bará, pero estos arcos no son tan extraordinarios como otros que se pueden encontrar en Italia, Francia o Argelia. Para terminar esta lista, tenemos las minas de Las Médulas en León, donde los romanos dejaron un impresionante paisaje con su método para extraer el oro, y la Torre de Hércules en Galicia, que es el faro romano más antiguo todavía en uso. Si sólo puedes ir a unos pocos lugares, el primero de la lista es por supuesto Mérida, pero Zaragoza, Santiponce o Tarragona también tienen sitios arqueológicos romanos muy notables que sin duda disfrutarás si los visitas.

El Veredicto: ¿Es la historia cíclica?

En el veredicto de hoy quiero plantear esta pregunta: ¿es la historia cíclica? ¿Se repite la historia? Historiadores de la Antigüedad como Tucídides en Grecia o Sima Qian en China así lo creían, y hay muchas teorías modernas que defienden la recurrencia histórica, como la teoría del ciclo social o la teoría generacional de Strauss-Howe. Planteo esto porque algunos ven paralelismos en el declive contemporáneo de Occidente con la decadencia del Imperio romano tardío, aunque el mundo de entonces era muy diferente de la época actual en la que vivimos. No quiero entrar en el eterno debate de si la historia es lineal o cíclica, en cambio quiero animaros a buscar información desde ambas perspectivas. Sin embargo, algo está claro, a menos que evolucionemos biológicamente, la naturaleza humana no cambiará y ocurrirán eventos similares en nuevos contextos históricos. Y con eso, El Veredicto termina.

Avance y outro

Dicho esto, hay dos episodios extras exclusivos para patrones relacionados con los temas de este episodio. Uno ya lo he mencionado antes y se titula ‘Mujeres y economía en la Hispania romana’, mientras que otro se titula ‘Las élites de Hispania del siglo IV’ y trata sobre el origen de las élites hispanas del Bajo Imperio, que son bastante diferentes a las vistas durante el Alto Imperio. Así que ya sabes, si quieres disfrutar de estos interesantísimos episodios, ve a patreon.com/lahistoriaespana y ayuda a hacer este programa posible. En el próximo episodio ya voy a ralentizar el ritmo de la narrativa y voy a explicarte cómo llegaron los vándalos, suevos y alanos en Hispania. ¡Gracias por escucharme y nos vemos pronto!

Fuentes

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Blázquez, José María, et al. Historia de España antigua. Tomo 2. Hispania romana. Cátedra, 1995.

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Bravo Castañeda, Gonzalo. “¿Otro mito historiográfico? La crisis del siglo III y sus términos en el nuevo debate.” (2012).

Bravo Castañeda, Gonzalo. Hispania: la epopeya de los romanos en la Península. La esfera de los libros, 2007.

Cepas Palanca, Adela. Crisis y continuidad en la Hispania del siglo III. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1997.

Domínguez Ortiz, Antonio. Historia de España 2: La España romana y visigoda (siglos III a.C.-VII d.C.). Planeta, 1992.

García y Bellido, Antonio, et al. Conflictos y estructuras sociales en la Hispania antigua. Akal, 1986.

Garcia-Villoslada, Ricardo, et al. Historia de la Iglesia en España. La Iglesia en la España romana y visigoda (siglos I-VIII). Biblioteca de autores cristianos, 1979.

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Medina Quintana, Silvia. Mujeres y economía en la Hispania romana. Oficios, riqueza y promoción social. 2012. Universidad de Oviedo, tesis doctoral.

Pisa Sánchez, Jorge. Breve Historia de Hispania. Nowtilus, 2009.

Plácido Suárez, Domingo. Historia de España 1: Hispania Antigua. Editado por Josep Fontana y Ramón Villares, Crítica, 2009.

Ruiz López, Manuel Alejandro. Origen, evolución y transformación de las élites en la Hispania del siglo IV D.C. prosopografía y sociedad. 2020. Universidad de Castilla-La Mancha, tesis doctoral.

Serrano Madroñal, Raúl. La conflictividad social en la tardoantigüedad: un análisis sociológico y lexicológico. Estudio sobre los principales conflictos del occidente tardorromano: bagaudas, circunceliones y priscilianistas. 2018. Universidad Complutense de Madrid, tesis doctoral.

Witschel, Christian. “Hispania en el siglo III.” Hispania: las provincias hispanas en el mundo romano. Documenta 11 (2009): 473-503.

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