Este es el episodio 18 Dinastías cambiantes y en este episodio aprenderás:

Sisebuto, el rey sabio

Dejamos el episodio 17 Recaredo y la conversión de los visigodos con la muerte de Gundemaro en el 612 y la entronización de Sisebuto. Poca gente en España lo conoce, pero Sisebuto fue un rey importante tanto por ser el rey más culto de la historia del reino y además un buen guerrero y ferviente católico, como por la promulgación de políticas antijudías que definieron el Reino visigodo del siglo VII. A nivel intelectual, solo se le puede comparar con el contemporáneo emperador bizantino, Heraclio, que era un frikazo como él y compartía su gusto por la historia, filosofía, teología, poesía y astronomía.

Sisebuto (1854) por Mariano de la Roca y Delgado
Sisebuto (1854) por Mariano de la Roca y Delgado

Las similitudes entre ambos no terminan ahí, porque ambos tenían a dos sabios a su lado, Isidoro de Sevilla en el caso de Sisebuto y Esteban de Alejandría en el caso de Heraclio, y se puede ver a Sisebuto como un impulsor del renacimiento cultural del Reino visigodo frente al oscurecimiento cultural del resto de Europa. Sisebuto escribió una obra sobre un mártir que le permitió atacar a los reyes francos de Borgoña, o envió cartas al rey longobardo Adaloaldo para que convirtiese su pueblo al catolicismo como él mismo había hecho ya a título personal, como cuento en el episodio extra 6 Identidad goda y su evolución. Vemos así que usó la pluma y las letras como herramienta política tanto para formar alianzas como para atacar a sus enemigos.

Debido a su formación literaria, estaba familiarizado con los conceptos de buen gobierno de la Europa del siglo VII. Esas ideas procedían del Imperio bizantino, por lo que las políticas centralizadoras y cesaropapistas se consideraban el ideal, así como la idea de que el gobernante cristiano tenía el deber de suprimir el pecado y de tener elevados estándares morales. Como ejemplo de esa concepción cesaropapista del buen gobernante, vemos a Sisebuto reprobando al metropolitano de Tarraconense porque le gustaban en exceso las artes escénicas, no muy bien vistas por los cristianos, o prohibiendo a un obispo dejar su cargo para retirarse a un monasterio.

En el año 612, el primero del reinado de Sisebuto, hubo dos eclipses, que en esa época de supersticiones se interpretaba como una mala señal del cielo. En un contexto más global, los persas del Imperio Sasánida estaban invadiendo el Imperio bizantino en una guerra muy devastadora, por lo que ciertos eruditos y clérigos predecían la llegada inminente del Apocalipsis, tanto que en las iglesias hispanas la obra de la que más se hablaba era esta. Por eso Sisebuto pidió a Isidoro de Sevilla que escribiera un texto para explicar de forma racional el porqué de los eclipses, y luego el propio rey godo escribió un tratado dando una explicación siguiendo a autores clásicos.

Las campañas y antijudaísmo de Sisebuto

Además de un rey culto, Sisebuto destacó como rey guerrero y a la vez diplomático y religioso, o sea que tenía las cualidades que todo buen monarca cristiano debía tener. Por el momento, cabe destacar la campaña de Sisebuto contra la provincia bizantina de Spania, aprovechándose de la gran debilidad del Imperio por la guerra contra los sasánidas. El rey sabio godo conquistó con éxito Medina Sidonia y Málaga en el 615 y sometió otras ciudades y pueblos de la costa sur y sureste de Spania con la ayuda de la flota goda, para que veáis que no solo eran guerreros terrestres.

Pero a pesar de que la conquista completa de la Spania bizantina parecía estar al alcance de la mano de Sisebuto, el rey godo aceptó negociar un tratado de paz en el que los bizantinos reconocieron sus pérdidas territoriales, y ya no les quedaba más que Cartagena y su área colindante en suelo peninsular. Es probable que este tratado y la liberación de los prisioneros de guerra fuera un gesto de magnanimidad de Sisebuto para evitar el derramamiento de más sangre cristiana, tras la conquista de Jerusalén por parte de los zoroastristas sasánidas que dejó en shock a la cristiandad. Los éxitos militares de Sisebuto no se limitaron al sur, sino que también realizó campañas de saqueo contra los astures y ruccones del norte de Asturias.

Pero dejando de lado las campañas militares, el reinado de Sisebuto sobresale por marcar el verdadero inicio de las políticas antijudías del Reino visigodo católico. Las leyes heredadas del Imperio romano o las introducidas por Recaredo no eran suficientes, por lo que Sisebuto obligó a los judíos a vender sus esclavos cristianos, les prohibió también tener siervos cristianos, y las sanciones contra el proselitismo judío y los cristianos que judaizaban se endurecieron. Y estas medidas solo fueron el entrante, porque finalmente decretó que todos los judíos del Reino visigodo debían convertirse al catolicismo.

La aplicación de esta medida tan drástica debió ser laxa porque vemos como otros reyes posteriores recordaban y endurecían las leyes contra los judíos y criptojudíos hasta el final del Reino visigodo, pero la pregunta clave es por qué Sisebuto decretó tales medidas y por qué el Reino visigodo se convirtió en el reino con las leyes más duras contra los judíos. Ya vimos en el episodio corto 3 La conversión de los judíos de Mahón que en tierras hispanas había cada vez más una actitud contraria hacia los judíos, pero estos no formaban un grupo particularmente rico, o sea el factor económico no fue relevante aquí como sí lo fue más a finales de la Edad Media.

La motivación para marginar a los judíos y forzar su conversión fue ideológica, religiosa tal y como defiende el historiador Raúl González Salinero, porque los monarcas godos y el clero creían que en un reino solo cabía una fe. Contrario de lo que pudiera parecer, normalmente eran los monarcas los que presentaban la iniciativa contra los judíos, no la Iglesia, por esa concepción cesaropapista del poder por el cual el monarca tenía el deber de proteger a sus súbditos de los pecados y la herejía y llevar sus almas a la salvación eterna. El detonante de las leyes antijudías de Sisebuto podrían ser los eclipses y la temida llegada del Juicio Final, tal y como ocurrió a finales del Reino visigodo cuando los reyes godos acentuaron su persecución contra los judíos y los homosexuales, como explico en el episodio corto 1 La homosexualidad en el Reino visigodo.

También pudo tener algo que ver la colaboración de los judíos del Imperio bizantino con los invasores sasánidas, por lo que los judíos podían verse como una peligrosa quinta columna. El problema es que forzar la conversión de los judíos generó un nuevo problema, el de los criptojudíos, es decir, falsos conversos que seguían practicando el judaísmo en secreto. Por eso Isidoro de Sevilla se mostró en desacuerdo con las medidas de su patrón y amigo Sisebuto, y lo criticó porque “llevó a los judíos a la fe católica por la fuerza, mostrando en ello gran celo, pero poca sabiduría, pues obligó por el poder a los que debió atraer por la razón de la fe.” Aún así, la Iglesia tampoco se opuso firmemente a las políticas de Sisebuto, vamos si hasta Isidoro de Sevilla había escrito un tratado contra los judíos, y aunque luego en el IV Concilio de Toledo criticaron esta política, a ojos suyos la conversión era irreversible, así que se siente pero ajo y agua.

Suintila, ¿el unificador de Spania?

En el 621 el rey Sisebuto murió probablemente envenenado, y le sucedió su hijo Recaredo II, que murió a los pocos días asesinado por los mismos que asesinaron a su padre. Parece que hubo un interregno de tres meses hasta que un veterano general fue elegido rey de los godos, Suintila. Célebre por sus victorias en el norte y contra los bizantinos, los primeros cinco años del reinado de Suintila fueron felices y estuvieron marcados por sus exitosas campañas militares. Para afianzarse en el poder tras quizás haber estado bajo los asesinatos de Sisebuto y Recaredo II, Suintila convocó a las huestes del Reino para combatir a los vascones.

Se ha especulado que en el interregno pudo haberse producido una guerra civil en el Reino visigodo y que como ya había ocurrido en otras ocasiones los vascones participaron en este conflicto, de ahí que Suintila lanzara una campaña ahí. Sea como fuere, Isidoro de Sevilla presenta a Suintila como el nuevo Pompeyo, ya que pudo conseguir la rendición incondicional de los vascones enemigos, y además del habitual pago de tributos y entrega de rehenes los obligó a ayudar en la construcción de Ologicus, comúnmente identificada con Olite, Navarra, de forma similar a como el romano Pompeyo fundó Pamplona.

Pero el hecho más destacado del reinado de Suintila fue la expulsión de los bizantinos de Spania. El guerrero rey godo se aprovechó de la difícil situación del Imperio bizantino contra Persia para conquistar las últimas posesiones bizantinas en el sureste peninsular, entorno a Cartagena. Tras un largo asedio, los godos tomaron Cartagena y la quemaron y destruyeron hasta sus cimientos, tal y como demuestran las crónicas y las evidencias arqueológicas analizadas por Jaime Vizcaíno Sánchez. La destrucción de Cartagena en el 625 provocó que ésta fuera ampliamente abandonada y no fuera reocupada hasta el siglo IX, aunque en época omeya Murcia pasó a ser la ciudad más importante de la región.

Se ha especulado que Suintila ordenó la destrucción total de la ciudad por su papel emblemático como capital de la Spania bizantina y antigua sede metropolitana, así como por el temor de que los bizantinos pudieran reconquistarla. De la actual España al Imperio bizantino solo le quedaban las islas Baleares y Ceuta, que permanecieron bajo dominio bizantino hasta la conquista musulmana. Según Isidoro de Sevilla, Suintila fue el primer rey en unificar Spania, y tomando literalmente y sin actitud crítica estas palabras algunos historiadores como José Soto Chica defienden que Suintila realmente gobernó sobre toda Spania, es decir, sobre toda la península ibérica. Pero aquí José Soto Chica y algunos historiadores con tendencias nacionalistas se equivocan, porque omiten toda la evidencia documental y arqueológica que prueba que buena parte del norte peninsular estaba fuera del dominio efectivo godo.

Mapa del Reino visigodo de Toledo del siglo VII, exagerado porque los godos no controlaban buena parte del norte peninsular ni Ceuta
Mapa del Reino visigodo de Toledo del siglo VII, exagerado porque los godos no controlaban buena parte del norte peninsular ni Ceuta

Esto lo explico en detalle en el episodio extra 8 El norte peninsular en época goda, así que si quieres escuchar este episodio extra y muchos otros conviértete en mecenas de La Historia de España en patreon.com/lahistoriaespana, pero ya te adelanto ahora que la Asturias y Cantabria trasmontana y Vasconia no formaban parte del Reino visigodo. Estos eran territorios periféricos que no estaban bajo la soberanía de ningún estado, y el Reino visigodo o a veces también los francos en el caso de Vasconia pues solo podían conseguir tributos irregulares y forjar alianzas con individuos de la élite de la zona, pero no se pueden considerar como territorios bajo dominio godo en ningún momento de su historia.

La oposición a Suintila

A pesar de sus logros militares, Suintila se enfrentó a graves problemas internos en la segunda mitad de su reinado. El haber sido un rey generoso con la nobleza, el clero y los pobres no fue suficiente para evitar que algunos sectores de la élite se opusieran a él, sobre todo tras intentar establecer su propia dinastía al asociar al trono a su hijo Ricimiro en el 626. A partir de ahí el discurso de las fuentes empieza a cambiar, y presentan a Suintila como un ambicioso tirano. En el IV Concilio de Toledo, en el año 633, los obispos declararon que su mayor crimen fue la confiscación de muchas propiedades eclesiásticas, aunque también hay que tener en cuenta que estas declaraciones se hicieron tras el derrocamiento de Suintila.

En cualquier caso, sus intentos de fortalecer el poder monárquico no tuvieron el éxito que sí tuvieron Leovigildo y Recaredo, y eso supuso el principio del fin de su reinado. Se planearon complots que el rey Suintila desarticuló, lo cual hacía que él se viera cada vez más como un cruel déspota. Con este descontento, una facción de aristócratas liderados por el duque de la Septimania se alzó contra el rey en el 630, con apoyo extranjero incluido. El duque de Septimania Sisenando consiguió la ayuda de Dagoberto de Austrasia, Neustria y Borgoña, el poderoso rey de los francos, al que prometió entregar una de las mejores piezas del tesoro real godo, la emblemática placa de oro que el general Aecio había regalado al rey Turismundo con motivo de la batalla de los Campos Cataláunicos.

Mapa del reino de los francos bajo Dagoberto
Mapa del Reino de los francos bajo Dagoberto

Al principio Suintila contaba con bastantes apoyos, especialmente en la Bética y Lusitania, pero a medida que el ejército rebelde y franco avanzaba más y más nobles abandonaron las filas leales a Suintila, incluyendo su propio hermano. Con pocos leales restantes ante una fuerza abrumadora, a Suintila no le quedó más remedio que entregarse a Sisenando en Zaragoza y rogar clemencia a cambio de entregarle el trono. Como ya había ocurrido con Atanagildo y sus apoyos bizantinos, Sisenando se convirtió en rey de los visigodos en el 631 gracias a un poder extranjero.

Sisenando y el IV Concilio de Toledo

El cómo se hizo Sisenando al trono y su legitimidad afectó profundamente sus cinco años de reinado, marcados por el compromiso y pacto con la nobleza y clero en contraste con las tendencias centralizadoras de otros reyes. El primer problema al que se enfrentó es que tenía una deuda con el rey franco Dagoberto. Sin embargo, los nobles godos presionaron a Sisenando para no entregar la simbólica placa de oro de Aecio y en cambio entregar una gran suma de dinero, que en oro equivalía a mucho más de lo que valía la placa.

Pero la facción nobiliaria que había apoyado a Suintila se rebeló contra Sisenando y proclamó su propio candidato, un tal Iudila. Estos eran fuertes en Lusitania y Bética, pero Sisenando los derrotó y tras mantener a raya sus opositores el rey godo convocó un nuevo concilio general en Toledo para afianzar su posición. Desde la conversión de los visigodos en el 589 que no se había convocado un concilio general, pero en diciembre del 633 se pudo celebrar el IV Concilio de Toledo bajo la presidencia del poderoso Isidoro de Sevilla y con la asistencia de más de 60 obispos y los nobles más importantes del reino.

Los concilios de Toledo no solo fueron concilios donde tratar cuestiones estrictamente eclesiásticas, sino que eran el verdadero foro político del Reino visigodo, como si fuera el sucesor del Senado romano. El objetivo principal del IV Concilio de Toledo, y de otros que siguieron después, era el de institucionalizar la monarquía visigoda con una doctrina político-religiosa ideada por Isidoro de Sevilla, un verdadero pacto constitucional. De este modo se perseguía dar estabilidad al reino con una serie de medidas destinadas a prevenir las luchas violentas entre facciones nobiliarias por el trono, a prevenir nuevas intervenciones extranjeras en estas luchas de poder, y a fijar unos procedimientos para la elección del monarca.

En el IV Concilio de Toledo se trataron muchos otros temas. Tenemos cánones que obligaban a los obispos a establecer seminarios para asegurar la transmisión de conocimiento teológico, médico, jurídico y del latín y griego. Otros referentes a los judíos, que como comenté anteriormente condenaban las conversiones forzosas de Sisebuto pero consideraban que las conversiones eran irreversibles y que había que perseguir las prácticas judaizantes. Y también tenemos muchas disposiciones religiosas, que afectaban desde la disciplina de los clérigos hasta los esclavos y siervos de la Iglesia o la exención de impuestos de los clérigos.

El pensamiento político de Isidoro de Sevilla

El último canon del IV Concilio de Toledo del 633, el canon 75, es el más importante de todos, y de hecho era tan importante que se leyó en todos los concilios posteriores. En él se plasma la doctrina política de Isidoro de Sevilla y el pacto constitucional godo que ya se venía perfilando desde el III Concilio de Toledo, un verdadero contrato social, para que luego algunos crean que la idea del contrato social surge en la Ilustración francesa e inglesa. A partir del canon 75, el rey de los godos es elegido por acuerdo de los grandes magnates laicos y obispos del Reino, su figura es sagrada al ser ungido como los reyes bíblicos, y los juramentos de fidelidad hacia el rey son inquebrantables.

Quien osara conspirar o levantarse en armas contra el rey sufriría la excomunión porque también se estaban rebelando contra Dios, y esto se aplicaba tanto a los nobles como a los obispos, y además había referencias expresas al castigo por conspirar con potencias extranjeras. Esto es irónico porque todas estas leyes las había violado quien gobernaba entonces, Sisenando, pero por su ilegitimidad y la enorme influencia de Isidoro de Sevilla tuvo que tragar estas críticas. En el pensamiento político isidoriano, el rey se convierte en delegado de Dios y se debe ocupar tanto de asuntos seculares como eclesiásticos.

El rey y los obispos debían gobernar juntos y apoyarse y vigilarse mutuamente para evitar abusos de poder. En el Reino visigodo católico, la Iglesia era parte integral del estado, para gobernar y legitimar el poder monárquico. Pero a pesar de la sacralidad de su figura, el rey no estaba por encima de la ley, la Iglesia o el Concilio de Toledo, y si el rey dejaba de acatar las leyes y actuaba como un tirano, el Concilio de Toledo podía excomulgarlo y un golpe de estado estaba así legitimado. Es aquí donde vemos el contrato social godo, porque vemos como el rey, los nobles y los clérigos tenían una serie de obligaciones que si no cumplían podían comportar castigos y su destitución.

Chintila, la debilidad de la monarquía goda

El rey Sisenando murió de muerte natural en el año 636 y los nobles y obispos eligieron a Chintila, cuyo reinado solo duró tres años. Como los Concilios de Toledo se habían convertido en los foros políticos del Reino y en una fuente vital de legitimidad, Chintila se apresuró a convocar el V Concilio de Toledo. Este concilio tuvo muy poca asistencia, 22 obispos frente a los más de 60 del anterior, y entre esto y que en los cánones conciliares se repetían una y otra vez los castigos que recibirían aquellos que conspirasen contra el monarca pues queda claro que Chintila no tenía demasiados apoyos y que temía por su posición y su vida.

En el V Concilio de Toledo también se prohibió la confiscación de las propiedades del rey anterior y sus partidarios, o sea que Chintila y sus seguidores se intentaban curar en salud y evitar sufrir las confiscaciones y destierros que reyes anteriores habían sufrido. De aquí se deduce que se reconocía que el gran problema del Reino visigodo eran las luchas internas entre facciones nobiliarias, y aunque querían ponerle remedio las medidas no pudieron frenar las rebeliones y golpes de estado. Las noticias sobre exiliados rebeldes en países extranjeros y la clemencia de Chintila indican que hubo conspiraciones y revueltas contra Chintila, pero no tenemos detalles de ninguna de ellos.

Menos de dos años después Chintila se sintió obligado a convocar el VI Concilio de Toledo para conseguir más apoyos que en el anterior. El nuevo concilio contó con el doble de asistentes, así que el principal objetivo se cumplió, y se reafirmaron las disposiciones del anterior concilio entorno a la sacralidad del rey y la protección de los cargos y propiedades de los fieles del monarca. En un contexto de un revitalizado antijudaísmo en toda la Cristiandad, también se tomaron nuevas medidas contra los judíos y además se prohibía directamente que una persona no católica viviera en el Reino visigodo. Poco tiempo después, Chintila murió y fue sucedido por su hijo Tulga en el 639, pero seguiré con la narrativa política en el siguiente episodio.

La cultura de la Spania visigoda

Permíteme dejar de lado la historia política y hablar del referente cultural que fue la Spania visigoda del siglo VII. Ante todo, y en consonancia con la cristianización de la sociedad posromana, la cultura de la Spania visigoda era ante todo una cultura eclesiástica, donde las instituciones cristianas jugaban un papel fundamental en preservar, transmitir y producir conocimiento. Aunque había elementos de pervivencia y continuidad de la cultura clásica grecolatina, lo cierto es que muy pocos hispanogodos conocían el griego, incluso en la Spania bizantina, y los autores de referencia eran autores cristianos como San Agustín, San Jerónimo, o el papa Gregorio Magno.

Es por eso que muchas obras filosóficas, poéticas o teatrales se perdieron, mientras que algunas obras clásicas sí que pudieron salvarse, aunque algunas solo en forma abreviada. Al igual que ocurrió en época musulmana, hubo gente mandada por el rey o por un obispo para viajar a Constantinopla y encontrar libros específicos que no estaban disponibles en Spania, y gracias a eso hoy en día conservamos la crónica de Víctor de Tunnuna, que fue continuada por Juan de Biclaro. También hubo monjes norteafricanos y griegos que emigraron al Reino visigodo y trajeron consigo muchos libros raros, así que gracias a estos hechos y a la labor de la Iglesia hispana hubo cierta preservación del conocimiento clásico.

Aún así, los hombres de letras estaban todos relacionados con la Iglesia y por eso su interés se centraba en temas teológicos, por eso salvo muy contadas excepciones no existía ya el interés por la poesía latina o por las obras teatrales clásicas porque los teatros simplemente ya no existían. En escuelas episcopales y en monasterios se educaba a los clérigos, gracias a figuras de prestigio como Martín de Braga y a las bibliotecas de las que disponían. Allí se enseñaba teología y todos los ritos que un clérigo debía saber para poder desempeñar sus funciones correctamente, aunque sabemos que había un déficit educativo y que más de un monje y obispo tenía una escasa formación.

Además de instituciones educativas episcopales y monacales, también había instituciones educativas laicas, por ejemplo en el Aula regia toledana donde se formaban los grandes nobles y funcionarios del Reino. Tanto la educación eclesiástica como la laica tenían una finalidad muy práctica y no se andaban con rodeos perdiendo el tiempo en literatura sin utilidad. Pero incluso en lugares remotos había gente como Valerio del Bierzo enseñando a niños a leer y escribir, usando rudimentarias pizarras porque los papiros y pergaminos eran escasos y caros, y la transmisión oral de la cultura era tan o más importante que la escrita.

Isidoro de Sevilla (1655) por Bartolomé Esteban Murillo
Isidoro de Sevilla (1655) por Bartolomé Esteban Murillo

En cuanto a la creación de conocimiento, varios intelectuales hispanogodos produjeron obras sin parangón en Occidente, entre los cuales están las de Julián de Toledo, Braulio de Zaragoza, Fructuoso de Braga, o el mayor erudito de Occidente de su tiempo, el polifacético obispo Isidoro de Sevilla. La figura de Isidoro de Sevilla y sus obras darían para un episodio entero, porque hizo desde crónica histórica y obras morales hasta tratados teológicos, de ciencias naturales, o pensamiento político. Sin duda, sus obras más conocidas y divulgadas por toda Europa durante el medievo fueron sus Sentencias y Etimologías.

Sus Sentencias eran un manual tanto del dogma cristiano como para llevar una vida ascética y moral, mientras que las Etimologías isidorianas eran una enciclopedia etimológica que sintetizaba el conocimiento clásico y tardoantiguo en una obra que trataba temas muy diversos. Eran varios libros que recopilaban todos los saberes de su tiempo, y entre los muchos temas tratados incluían gramática, retórica, matemáticas, medicina, derecho, música, geografía o astronomía. La labor cultural de Isidoro de Sevilla fue absolutamente extraordinaria, y gracias a él y a otros obispos el Reino visigodo se convirtió en el referente cultural de Europa después de Constantinopla.

El Veredicto: Nobles contra nobles para el trono godo

En El Veredicto de hoy quiero discutir por qué el fortalecimiento del poder real visto con Leovigildo y Recaredo fue imposible de emular en las primeras décadas del siglo VII. Carlos Plaza del canal de YouTube La Piel de Toro, que por cierto suscribiros a su canal si no lo conocéis, hizo un comentario muy acertado en el episodio sobre Leovigildo, porque como bien dice la historia del Reino visigodo es un tira y afloja entre el afianzamiento del poder real y las concesiones a la Iglesia y nobleza. Vemos reyes como Leovigildo, Recaredo o Chindasvinto fortalecieron el poder monárquico, pero otros reyes no pudieron más que mostrarse como uno más entre los nobles si no querían ser depuestos o asesinados.

Leovigildo pudo enfrentarse a muchos poderes autónomos y exteriores para recompensar a sus seguidores y fortalecer su dinastía, Recaredo con la conversión de los visigodos al catolicismo pudo aplastar oponentes y ganarse la poderosa Iglesia hispana como aliada, y Chindasvinto como veremos recurrió a ejecuciones, exilios y confiscaciones en masa para afianzarse en el poder. ¿Pero por qué otros reyes no pudieron hacerlo? Pues por las propias contradicciones internas del Reino visigodo. La monarquía dependía de una aristocracia que ponía precio a su fidelidad, porque reclamaba más patrimonio a cambio de su apoyo.

Los reyes recompensaban a sus fieles con cargos públicos y donaciones, y quitaban el poder y riqueza de quiénes no fueran amiguetes suyos. Esto hacía que siempre se formaran facciones nobiliarias resentidas con el monarca de turno y que éstas preparasen conspiraciones, rebeliones y asesinatos para hacerse con el poder. Y como ya no había territorios interesantes para conquistar en Spania, el Reino visigodo se tuvo que mirar en el espejo y enfrentarse a esos incómodos problemas internos que tanto caracterizarían a los godos hasta el fin de sus días. Y con eso, El Veredicto termina.

Avance y outro

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